Seducción

Cuando me dijo que le gustaba mucho el chocolate, enseguida le dije, sin saber por qué, que el chocolate era una metáfora del deseo. Sus ojos negros de oscuro e intenso misterio me miraron fijamente. Como llevaba alguna copa de más, aquella mirada de cálculos ambiguos no clarificaba su determinación. La mía intentó abrirse paso torpemente, avanzando a ciegas en lo desconocido. Le hablé de la taleguilla con semillas de cacao que Napoleón llevaba siempre consigo, de los calientes chocolates de los prostíbulos parisinos y de los rituales incas con pasta de xocoatl. Aquellos artificios de seducción parecieron despertar su interés. Pidió otra copa y se acercó un poco más a mí. Algo más seguro y confiado, alabé la exótica hermosura de sus ojos, donde ahora parecía haber dulzura e insinuación. Dí un paso más y le relaté las deliciosas perversiones del marqués de Sade, cuya imaginación febril responsabilizaba a las grandes cantidades de chocolate, vainilla y canela que tenía por costumbre tomar. Estreché su cintura con un abrazo sin rigideces y al oído le susurré las viejas recetas de las chocolaterías suizas, origen, para Calvino, de las tentaciones de la carne y los pecados de la lujuria. Nuestros labios, por fin, se rozaron, y de los de ella salieron las palabras rendidas que tanto deseaba escuchar. Y entonces me pasó lo que tantas otras veces, que esa victoria narcisista me dejó exhausto y sin apetito, saciado, y la única verdad que me quedaba, antes de disculparme y marcharme, fue confesarle que no me gustaba el chocolate.

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13 respuestas a “Seducción

  1. El chocolate tiene propiedades afrodisíacas, pero hablar de chocolate no. De hecho, como se demuestra en esta narración, produce un efecto anafrodisíaco. Después de una perorata, a lo sumo, uno tiene ganas de tomar un chocolate calentito, como el que preparan en los prostíbulos parisinos o en los conventos de las monjas dominicas. Salud.

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  2. ¡¡Ahhhhhh…que bueno !! Creo que no se trata de chocolate , podría ser cualquier otra cosa, se trata del proceso , de esa marcha que te lleva ,que te calienta la sangre, cuando actuas al nivel inconsiente.
    “Y entonces me pasó lo que tantas otras veces, que esa victoria narcisista me dejó exhausto y sin apetito…”
    ¿ Para que lo hago? me pregunto a mi en enecima vez observando frialmente el objeto de mi seducción.
    Buonisimo es tu texto. Mil besos.

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    1. A esa pregunta tuya quiere responder el relato, como bien has dicho. A veces- no siempre- seducimos para seducirnos. Como el poeta aquél, no recuerdo quièn, que estaba enamorado del poema que escribía sobre el amor. Gracias, Tatiana. Un beso.

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