Cuaderno de verano. Aforismos de puño y letra(I)

Todo lo que uno escribe siempre es mentira. Por eso es autobiográfico.

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Cuaderno de verano. La foto

No soy amante de las fotografías pero conservo una que le mandé a mi madre, ya anciana, para satisfacer un deseo que la realidad no le concedería jamás. En ella aparece una joven vestida de novia, de oscuro perfil aindiado, moderamente hermosa. Eleva sus ojos tiernos y tristes a un individuo sonriente, repeinado para la ocasión, que recibe su mirada con agradecida magnanimidad. Soy yo. La mujer, ajado el rostro por horas de llanto, vendía su no estrenado vestido de novia en el rastro aquél. Le ofrecí tantos euros por él y añadí a la oferta una suma no menor para compensar la condición del trato. De ese modo pude inmortalizar el momento irrepetible con el que mi madre alcanzaría el sueño de verme dichosamente casado. Mis pocos ahorros se los llevó el coste de esa operación y el alquiler, caro, de mi traje también imposible, pero poco importa el dinero cuando está en juego la felicidad de una madre. Recuerdo que la mujer hablaba poco, con suave acento andino, y que mantuvo durante la sesión de fotos una impasible y humilde reserva. Le entregué al terminar el dinero del acuerdo y la promesa, que cumplí, de regalarle una copia. De aquello hace ahora más o menos un año, y hoy he vuelto a ver a esa mujer, que se ha presentado ante mí llamando a la puerta de mi casa con un niño en brazos. Nos hemos hecho una foto, los tres, y me ha confesado que, después de tantos años lejos de su tierra, la foto le haría ilusión a su madre.

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Cuaderno de verano. Pon la tele, tenemos que hablar

El futuro de las pensiones está amenazado

Amor

No podemos seguir así

Aumenta el número de familias en riesgo

Y tú como si nada  ya lo sé

Ya sé que

Un acuerdo entre fuerzas progresistas

No va contigo pero

Y yo?

La prima de riesgo se mantiene

El control del déficit es prioritario

El número de desempleados desciende

Hasta cuándo crees que podré aguantar

Tus mentiras?

No puedo hacerlo todo yo sola

El partido ha sido calificado de alto riesgo

Y las temperaturas suben en todo el país

No te das cuenta?

Esto se tiene que acabar

 

No nos queda tiempo para más, señores.

Pasen una buena tarde.

 

Tù también, cariño.

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Cuaderno de verano. Voyeur

Alcancé a ver con los prismáticos un brazo levantado a la altura de la cabeza. Los dedos, finos, trenzaban el enmarañado cabello caído sobre unos hombros desnudos. Sorprendidos en un gesto de pícara indolencia, a su tiempo esos labios pedirían más caricias, más minutos, más bebidas refrescantes. Tapaba la visión del ojo izquierdo el largo mechón de un flequillo enroscado como cola de pez, símbolo inequívoco de una lujuria secreta. El derecho fijaba su posición en la negrura de la noche, donde yo me emboscaba. Un salto de cama azul turquesa gravitaba en sedosos pliegues con lentitud lunar, acercándose o alejándose de aquel cuerpo al impulso de mis mareas. A contraluz, la sutil transparencia perfilaba curvas icónicas y senos de gelatina. Una de sus piernas, la derecha, ofrecía al abrirse un ángulo de sombra llamado también de perdición. La otra descansaba firme y recta, ajena a la sincronía de la erótica creciente. Los pies no se veían porque en el suelo había geranios y hortensias y virginias de anchas hojas bajo cuya profusa expansión desaparecían. Debajo del balcón sobresalía un tejadillo metálico prolongado en una finísima linea de sombra que, a su vez, coronaba un rótulo enmarcado en un circuito de neón: MANIQUÍES.

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cuaderno de verano. kafkiana

Comenzó siendo un rumor, pero en nuestro reino todo aquello que acaba finalmente sucediendo empieza siendo un rumor. El rumor decía que vendrían a detenerlos. Nuestra familia estaba asustada, de manera que nos preparamos para lo peor. Los rumores decían que a nuestros hermanos los sacarían de sus casas de noche, amordazados, atados de pies y manos a cadenas ferruginosas, con los ojos vendados, acusados de atemorizar a la población con falsos rumores. Como consecuencia de ello serían llevados ante la Corte de Justícia, donde se les juzgaría y condenaría de acuerdo con la ley, que establece penas máximas para los súbditos que con rumores ilícitos la desacreditan. En nuestro reino, sólo a la ley compete la difusión oficial del rumor. Quien la incumple, es severamente castigado por ello, y según todos los rumores, es la ley quien hizo correr el rumor de que nuestros hermanos son culpables de un delito contra la autoridad de la ley. Es previsible que una legión de temerosos testigos otorgue al rumor carta de veracidad, y más que previsible que la democrática y justa defensa de nuestros hermanos no sea otra cosa que un rumor. La ciudad ha asumido como cierto el cargo de culpabilidad que sobre ellos pesa, y el rumor de que no nos resignamos a aceptar tal injusticia ha comenzado ya a rodar. En este sentido, la ley establece penas muy duras para los cómplices de aquellos que rumorean contra la ley, por lo que todo hace pensar que en breve vendrán a sacarnos de nuestras casas, nos amordazarán, nos encadenarán y seremos llevados a rastras ante un Tribunal de Justicia, que nos considerará culpables de los delitos de colaboración y conspiración. A veces ocurre que un rumor, venido no sabemos de donde, hace creer que son falsos los rumores que acusan a ciudadanos inocentes de generar falsos rumores. Cuando eso ocurre, los afectados mantienen una íntima esperanza de salvación, pero se ven obligados a no manisfestar su regocijo en público. La ley lo prohibe. Si bien con menos dureza, la creencia supersticiosa en esa clase de rumores está igualmente penalizada. Solo cabe esperar, como esperamos nosotros ahora, que en el aplastante silencio de la noche, los golpes que oímos en la puerta sean solo un rumor. En caso contrario, deberemos prepararnos para lo peor.

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