artesanos y artistas

Entra dentro de cierta lógica encontrar al artesano en su mercado y, al artista, en su galeria. Los espacios en los que se muestran es una de las diferencias que les separa, pero no la única. Aplicando criterios estéticos o de gusto personal, el artesano transforma la materia en un objeto por lo general útil y bello. El artista, también, con la diferencia de que el artista no pocas veces ignora el resultado de su búsqueda, invariablemente inútil.

Tal vez porque una parte importante de su pensamiento la inspire el sustento, el artesano espera obtener de su trabajo resultados prácticos, un objeto vendible, de uso corriente, que pueda repetirse y que se adapte en el fondo a su carácter reflexivo y a su talento manual. El artesano crea su propio oficio. La idea y el gusto de llevarla a cabo le satisface menos que la calma, la rutina, la serena monotonía del trabajo en el taller. Esa felicidad, que no es poca, le permite silbar mientras trabaja, un lujo al que muy pocos pueden acceder. El artista, sin embargo, ve profundo y aspira a vivir en lo profundo. No le importa menos el plato de comida que al artesano, pero puede muchas veces olvidarse de él. Como el artesano, crea y transforma, no de un modo práctico sino visionario. Si para el artesano la repetición es garantía de sustento, para el artista es de aburrimiento. A su modo, un objeto artesano puede obtener categoría de perfecto, porque alcanza niveles medibles en la escala real de lo necesario. La obra artística nunca lo es, ni el artista lo pretende: modestamente sueña con ser sublime. Es, por otro lado, ese lado práctico de la artesanía, lo que permite hablar en ella de cierto progreso. El arte, simplemente evoluciona. Tal diferencia establece que el día que el oficio no diera para más, el artesano dejaría de ser artesano. El artista, sin embargo, nunca dejará de ser artista.

En las fotos, mercadillo de artesanía en la Praça da Alegria (Lisboa), y trabajos con papel de Paulo Duarte que puedes ver si clicas en Artesanato en papel

La obra en papel de Arlindo Abreu puede verse clicando aqui

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cafés y literatura

Me gustaría irme de vacaciones a un café. Un café que tuviera todos los periódicos, con pequeñas sillas de madera con vistas a una calle ancha, despejada y arbolada, sin coches aparcados. O frente a un pequeño puerto en la costa de cualquier mar en calma, con viejas redes y lámparas de vidrio colgando de los rincones, ambientado con meláncolica música de mandolina, desde donde cada tarde viera llegar menudas embarcaciones cargadas de peces brillantes. O frente a un lago. Un café emplazado en una gran pérgola de madera, con largas viseras de ratán, rodeado de césped y adornado con macizos de rosas, vigilias y aves del paraíso. Con un solo camarero vestido de blanco que se interesaría por mi vida y me contaría la suya. O un café con una gran terraza abierta a un bulevar de tránsito humano poco agitado, pero vistoso, con parejas jóvenes que beben vermús y hombres maduros sin relojes. La ciudad no importa, ni importa el país ni el continente en el que estén. O un  café abierto día y noche, sin interrupción, en el que demoraría las horas de la tarde bebiendo té frío, debajo de un ventilador de zumbido seco y monótono, un café de mesas a menudo vacías, atendido por camareras a turno partido que me seducirían con su encanto, su sensualidad y su gracia y acabarían cogiéndome solo cariño

Eladio Redondo        Operación Tortosa. Un diario.           Ed. Beltrónica. 2012

Café del Jardim da Estrela

Café en el Bairro Alto

Café de la Cinemateca

Estuches con bolígrafo. Materiales: cartón y papel natural. Medidas: 24cm×7cm

Contacto: eladiore@yahoo.es

 

Pessoa, desempapelado

Beber, fumar y escribir no son actividades incompatibles. Ni incompatibles, ni inseparables. En Lisboa, como en cualquier parte del mundo, los poetas encuentran en el humo y en el alcohol inspiración o refugio. O simplemente fuman o simplemente beben porque simplemente escriben. Decía Alberto Caeiro que escribía poemas no por ambición, sino porque era su manera de estar solo. No ignoramos que no fue de su maestro Caeiro de quien tomó Pessoa su afición por la bebida, pero deducimos, por lo que sabemos, que sí bebía a la manera en que aquel escribía. Muchas veces de pie, apurado, huyendo probablemente del acoso de sus fantasmas. O del agónico e imposible amor. Dicen que el abuso del aguardiente blanco provocó su muerte prematura. Sus poemas, sin embargo, le han concedido la inmortalidad.

POSAVASOS.  MATERIALES: cartón y papel noble. MEDIDAS: 10.5cm×10.5cm

Contacto: eladiore@yahoo.es

nuestro hombre en lisboa

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Desde alguno de sus balcones, nuestro hombre en Lisboa observará a diario el tráfico de papeles en la ciudad, tomará nota de lo que en ellos se contiene y lo dará a conocer sin prisas y muchas pausas a la población herméticamente recta. Como acaba de llegar, nuestro hombre en Lisboa no siente aún ninguna nostalgia de su serena y aplicada vida en el campo, todavía no. Añorará su casa más tarde, cuando la ciudad lo mande, volverá a sus cosas más tarde, cuando la ciudad lo diga. Nuestro hombre en Lisboa, de espíritu nómada, ama solo aquellos lugares que prometen un bello y provisional abandono. Por eso se deja siempre, al marchar, una làmpara encendida.

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LAMPARA DE PIE

MEDIDAS: 1,55m de altura  0.25cm×0.25cm de base

MATERIALES: madera y papel natural del Reino de Saba

Contacto: eladiore@yahoo.es