Elogio del abandono

A unos cientos de metros, en el camino que sale de mi casa, hay una caseta abandonada. Está al final de un tramo sombrío, pavimentado siempre de hojas dulces y secas, entre altas paredes de roca rojiza e higueras invasivas. Siempre me detengo a mirarla. Tanto las paredes como el techo están cubiertos de hiedra, y es inútil esforzarse en encontrar un punto de luz por el que indagar en su interior. Es imposible, todo está tapado, no hay nada que hacer. Me detengo porque la construcción posee ese encanto romántico de la ruina como fruto del tiempo. Me detengo porque siempre, aunque es inútil, encuentro un modo de imaginar lo que contiene ese interior, lo que fue, lo que hubo, lo que ahí dentro se vivió. Y siempre me voy, cuando me alejo de ella, con una sensación hermosa y plácida, como si todo ese tiempo ya muerto fuese el que entrega al abandono en que se encuentra, su belleza. Hoy he llegado a ella siguiendo el camino contrario. Desde lejos, el humo que salía del espacio que ocupa se confundía con el de las hogueras de invierno, la quema de rastrojos en los huertos y los campos de avellanos. Después de tantos años, por fin he podido ver sus paredes desnudas. De su interior emergía una densa humareda que se extendía por los viñedos y no quedaba en su perímetro inmediato ningún resto de matorral. Frente a la puerta de entrada, humeaban papeles y material desbrozado, y dentro de la caseta quedaban los restos chamuscados de viejos enseres y un colchón. Ahora que por fin podía mirar libremente en su interior, no había ya nada que ver, nada que imaginar, nada con lo que soñar. El hermoso abandono había sido destruído, la palpitante vida imaginada bajo aquel manto de vegetación, había sido aniquilada. Como si una guerra inesperada hubiera acabado con todo. La destrucción. Todo acaba siendo destruído. Incluso el abandono, como forma de belleza, acaba también siendo destruído. Abandonándose, la caseta había encontrado una forma hermosa de morir, pero la destrucción la ha matado.

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8 thoughts on “Elogio del abandono

  1. Los lugares abandonados, para mi, tienen esa atracción romántica que tan bien retratas. Me gusta asomarme a ellos y me gusta aún más imaginar qué fueron, qué pasó, cómo era la vida en ellos. Sin embargo, el abandono también es muerte, la muerte que deja atrás sus huellas en forma de cadáver. Y los cadáveres no son románticos.
    Abrazos, Eladio.

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