Doce

No puedo con Ricardo Menéndez Salmón. Pude con El Corrector, su última novela, pero Derrumbe es un muro. Me cansa ese estilo de prosa un tanto fingida que mezcla la eficacia económica y la abstracción. Derrumbe es una novela corta demasiado larga para mi gusto. El alcance de su recorrido no lo miden sus páginas sino su extraviada estructura argumental, que distrae y aleja del centro de la emoción. Como no he sido capaz de llegar hasta el final, ignoro si un desenlace sorprendente o inesperado justificaría ese hiperbólico laberinto de imaginación. Hasta cierto punto, infantil. No lo pienso comprobar.

Me encuentro esta mañana con Claudi, en el puente. Viene del brazo de una mujer, una novia nueva, tan parecida a la última que por un momento he pensado que eran hermanas. Con Claudi coincidí unos días en el chalé, cuando viví allí por primera vez. Entonces ocupaba la habitación chachi a la que yo luego me trasladaría, cuando poco tiempo después la abandonó. En herencia me dejó a Dorothi, una de esas plantas tropicales de hojas lanceoladas y carnosas que emergen de tiesos y perfectos cilindros amarronados. Tronco de Brasil, dicen algunos que se llama. La cuidé con atención y mimo, como a una buena amiga y, cuando me tocó irme a mí, Dorothi pasó a manos de C, que no ama las plantas a menos que sean las de sus propios pies. Ahora Dorothi vive en la terraza, manca de un brazo, deslustrada, polvorienta y a merced de climatologías adversas. Por suerte, a Claudi se le ha olvidado esta mañana preguntar por ella. Y yo, porque la discreción obligaba, no le he preguntado por María, su pareja clon de la actual. El amor tiene estas cosas graciosas. Supongo que todos tenemos un modelo, un maniquí al que vestimos con ropa de nuestro gusto y al que dotamos con rasgos que nos magnetizan. A lo mejor en eso consiste enamorarse, en ir de paseo por los grandes almacenes de los sentimientos, mirando con atención los escaparates, atentos al guiño de esa figura acartonada, rígida e inmóvil en apariencia, en la que se esconde una parte de la felicidad de nuestro futuro. A lo mejor es eso, pero no creo que sea eso.

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9 respuestas a “Doce

  1. Me encanta todo el texto.
    ¡ Pobre Dorothi!, nunca les he dado nombre a mis plantas pero las trato muy bien.
    De Menéndez Salmón no he leído nada pero los libros abstractos y con tramas que buscan sorprender no me gustan nada, me aburren.
    Perdón por el comentario tan largo, no lo he podido remediar.

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      1. La respuesta de Eladio es digna a Menéndez Salmón ( abstracta y con tramas…jajajaj) Ni idea quien es ese escritor, pero confio plenamente en tu referencia. Lo del texto me gustó esa observación de llas novias clones. Casi siempre la segunda esposa aparenta por su físico a la primera.A las mujeres nos pasa lo contrario…eligimos el tipo totalmente distinto. Un beso

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