Una carta apócrifa

Ampanan, 2 de agosto de 1993

Querido Carlos:

Empiezo a sentir de nuevo la falta de gravedad necesaria. La poesía nos sirve para que nuestra atención hacia las cosas profundice en ellas. No pocas veces una palabra precisa, o un vocablo sugerente, nos procura una idea que trae consigo cierta inquietud, un áspero desasosiego. La belleza se resiste. Hay como una dureza de pedernal en lo que leemos. De repente nos damos cuenta de que es imposible atacar de frente un verso. Sufrimos. Sabemos que hay que golpear una y otra vez hasta que la piedra se abra y nos muestre la herida que encierra dentro. Su matriz, la generación de un mundo que intuíamos y al que no estábamos dispuestos a renunciar. La poesía no nos hace la vida más cómoda, pero sentimos, con lo que nos da, que la gravedad no nos arrastra hacia abismos sin fondo. La vida gana en materia y luz, y pierde el peso que le sobra. Nos acerca más al centro de lo que somos. Nos da conocimiento.

Leo cada mañana en los jardines del losmen, mientras desayuno. En los pétalos de las flores se mantiene aún el rocío glorioso que aporta el aire húmedo. No hay ruidos, ni sombra de ruidos. Los viajeros que aquí se hospedan duermen hasta tarde, los propietaros van al mercado. Me acompaña, como un manso animal que pide solo estar presente, el lento murmullo del agua que corre por las acequias. La mirada se me va, sin yo quererlo, del libro a la fronda verde y espesa que nos aisla de la calle. Del libro a los recuerdos. Los recuerdos me ven a mí, también, y se posan en mis manos. Yo, que siempre mantuve que la nostalgia es reaccionaria, tendría ahora que discutirlo contigo. Tú eres uno de los recuerdos que se me posan en las manos. Mi viaje está siendo ya muy largo. Boraima, melsuca, caliguan. Las palabras se me hacen brisa de agua en la boca. Viajo y no estoy. La escritura navega dentro de mí. Una corriente serena, de mar lejano y próximo, busca huecos y redondeces a los que dar forma. Lejos de tí la forma sacia su sed de perfiles. La gravedad es una esfera y en la palmera está el sueño único. Y la vida única. Viajo, y sin embargo, estoy más cerca de tí que cuando nos despedimos en la plaza. Los espacios. El corazón y los espacios. Por hoy ya es bastante. Recibe, amigo, el abrazo de quien te quiere.

Tablex para escritorios.   Contacto: eladiore@yahoo.es

 

El tesoro

Finalmente, nuestro sueño se cumplió. Allí estaba, bajo la arena, en el centro de un inmenso desierto abrasado por el sol. Ahora que lo habíamos encontrado, qué podíamos hacer con él? Lo enterramos de nuevo. El tesoro es el excremento de los sueños de los hombres.

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Collage. Título: excreción   Papel japonés sobre papel natural   Contacto: eladiore@yahoo.es

Elogio del abandono

A unos cientos de metros, en el camino que sale de mi casa, hay una caseta abandonada. Está al final de un tramo sombrío, pavimentado siempre de hojas dulces y secas, entre altas paredes de roca rojiza e higueras invasivas. Siempre me detengo a mirarla. Tanto las paredes como el techo están cubiertos de hiedra, y es inútil esforzarse en encontrar un punto de luz por el que indagar en su interior. Es imposible, todo está tapado, no hay nada que hacer. Me detengo porque la construcción posee ese encanto romántico de la ruina como fruto del tiempo. Me detengo porque siempre, aunque es inútil, encuentro un modo de imaginar lo que contiene ese interior, lo que fue, lo que hubo, lo que ahí dentro se vivió. Y siempre me voy, cuando me alejo de ella, con una sensación hermosa y plácida, como si todo ese tiempo ya muerto fuese el que entrega al abandono en que se encuentra, su belleza. Hoy he llegado a ella siguiendo el camino contrario. Desde lejos, el humo que salía del espacio que ocupa se confundía con el de las hogueras de invierno, la quema de rastrojos en los huertos y los campos de avellanos. Después de tantos años, por fin he podido ver sus paredes desnudas. De su interior emergía una densa humareda que se extendía por los viñedos y no quedaba en su perímetro inmediato ningún resto de matorral. Frente a la puerta de entrada, humeaban papeles y material desbrozado, y dentro de la caseta quedaban los restos chamuscados de viejos enseres y un colchón. Ahora que por fin podía mirar libremente en su interior, no había ya nada que ver, nada que imaginar, nada con lo que soñar. El hermoso abandono había sido destruído, la palpitante vida imaginada bajo aquel manto de vegetación, había sido aniquilada. Como si una guerra inesperada hubiera acabado con todo. La destrucción. Todo acaba siendo destruído. Incluso el abandono, como forma de belleza, acaba también siendo destruído. Abandonándose, la caseta había encontrado una forma hermosa de morir, pero la destrucción la ha matado.

Avellanos

Arsenio Miró, en su blog de poesía, habla de una antología de poetas itinerantes, intermitentes y torpes publicada por un editor aficionado a las rarezas y a la poesía de la mediocridad en la década de los ochenta. La lista es larga. Como me he aficionado a rastrear con lupa todas las entradas que posibiliten el hallazgo de algo relacionado con Danilo Manso, la perseverancia, por una vez, ha dado suz frutos. El editor declara haber tomado el poema de un libro que Danilo escribió, pero no publicó, durante su estancia en Ferés, un periodo voluntario de aislamiento y meditación en la campiña sierense. Es el único poema en prosa de toda la antología. Copio y pego. “Es invierno, aunque no hayamos entrado del todo en él. Del otoño va quedando una extensa colección de hojas secas que se amontonan en los márgenes de los campos de avellanos, y que luego arden con una fiebre lenta y fría, y el humo de su fuego, azul y silencioso, busca una salida a la luz entre la niebla, donde hay gritos sordos de aves que batallan con el frío de la escarcha. Están los campos ahora límpios, y los árboles solos, desnudos y bellos. El invierno regala a sus esqueletos la hermosura de los desiertos, y el árbol despliega su verdadera grandeza porque resiste. Sólo de ese modo podrá luego dar”.

Danilo Manso no usaba maletín

Originalmente, este poema fue escrito en inglés y encontrado en un maletín. Todas las mentiras que se vierten en la red acerca de su paso por Florida, en cuya Universidad Internacional Danilo Manso asistió a uno de sus seminarios de Literatura Hispánica, son en esencia verdaderas. Ni hablaba inglés, ni entró en contacto con poetas americanos, ni tuvo una amante angloparlante ni, por supuesto, asistió nunca a cursos o seminarios en ninguna universidad. Probablemente, los testimonios acerca de Danilo Manso en Florida sean también falsos. Sin embargo, hay pruebas concluyentes de que el poema que sigue fue escrito originalmente en inglés, publicado en Florida y escrito de puño y letra por Danilo Manso. Misterios de la literatura.

De noche, al final,

cuando su cuerpo milimetraba

con cálculo infame la distancia

que nos separaba, yo sentía

su calor ligero y turbio como un mal

que avanzaba hacia mí.

La cama se hacía tan grande

como un océano frío, la oscuridad

estrecha y pequeña, el abatimiento

quizás desmedido.

                                     Y no era deseo

lo que yo esperaba sino algo

más simple y más torpe, más imposible,

un sencillo roce que me hiciera

sentir la vida.

No lo había, así que con impotencia

me abrazaba a esa sostenida respiración suya,

el último abismo de aquel cuerpo que

definitivamente huía.

 

                Maletines   Medidas 30cm×35cm   Contacto: eladiore@yahoo.es

dos poemas de danilo manso

Silvia Fresno asegura en su email haber editado más de cincuenta libros de Danilo Manso en su pequeña y necesariamente modesta editorial artesana. Libros de pocas páginas, más bien folletos, un puñado de hojas primorosamente encoladas, grapadas o cosidas a un cartón o presentadas en cajas o encintadas con más o menos gusto o perfección. Volúmenes, vamos a llamarlos así, hoy inencontrables. La brevedad de los mismos respondía a la necesidad de una edición urgente, práctica y vertiginosa, pero armonizaba a la perfección con el talento, también escaso, del autor. Los siguientes poemas constituyen la totalidad del poemario titulado “Peñas arriba”, con prólogo de la editora y escritos, al parecer,en el otoño de 1989, bajo la permanente protección de un paraguas.

Cuando me mira así,

con esos ojos acostumbrados al triunfo,

es casi una obligación amar a otra,

no vaya a creer que mi dolor es

exclusivamente

patrimonio suyo.

 

Los caballos.

Están por todas partes.

Galopando, al trote, parados.

Son mis fantasmas.

Aparecen entre el barro y la niebla, brillan sus pieles bajo el sol, se funden                                                                                                                          en los aguaceros.

Son hermosos, tristemente hermosos en estos días sin luz.

Me comen las manos, los labios, la bondad,

la siembra equivocada de toda una vida.

MEDIDAS.

Grande: 25.5cm×17.5cm  Mediana: 12cm×16cm  Pequeña: 11.5cm×8.5cm

Papel pintado a mano con engrudo de harina, agua y pintura.

Interior: papel Torres verjurado de 90 gms.

Libretas solo por encargo a eladiore@yahoo.es