Amapolas

Danilo Manso, por lo que dicen las cosas poco creibles que de tanto en tanto encuentro en la red, era poco amante de las florecillas. Sí le gustaban los paseos, las caminatas y los periplos más o menos introspectivos. Desde un punto de vista sensorial, concebía la Naturaleza como un todo, y muchos de sus poemas sufren de ese ataque romántico que ambiciona una imposible totalidad. De sus etapas sedentarias, la última es la menos productiva, y dan a entender algunas bitácoras digitales que sus prosas son caprichosas o peregrinas. Como no hablaba nunca de flores, quiso hablar de una flor. La que tenía más a mano. Por puro capricho.

«Lo que admiro en la amapola es su forma irreverente de darse a conocer. Le va bien cualquier trozo de tierra, grande o pequeño, esté donde esté: igualmente ella germina. Con su color indica el sitio donde hallar la huella de un beso es posible. También hace, por encargo, de alfombra roja de sueños a cielo abierto. A mí me gusta verla sola, crecida, asomando su carmín entre hierbas furiosas de envidia, como una puta solitaria. En medio del campo, mejor, que me obligue la pasión a pagar un precio muy alto. Dan mucho y piden poco al borde del camino, hay tardes que me atraganta tanta humildad. Quiso una vez un amigo mío poner a cuatro en un jarrón, darles un trono, un hogar. Se cansó pronto, el placer que dan no es el mismo, entristece mucho verlas morir. Yo prefiero mirarlas, tocarlas, arrimarme a ellas cada día, ver sobre sus pétalos el agua una tarde caer, saber que están vivas siempre. Y la esperanza de ser un día la tierra donde ellas podrían volver a nacer.»

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Danilo Manso: orígenes.

El siguiente texto, que no es un poema, ni un fragmento de sus diarios, ni hay constancia de que lo haya escrito con otra finalidad que no sea la de fabricarse una patria en la que no podrá arraigar, un mapa escrito donde nacer, lo ha colgado en su página web un notario, coleccionista de poetas transeúntes y sospechosos. Asegura haberlo recibido de manos de Danilo Manso, quien agradeció con ello la hospitalidad que durante unos días le dispensó. Como de otros de los muchos textos que voy encontrando por aquí y por allá, que aseguran ser de Danilo, y a lo mejor no lo son, de este también podría o debería dudar. Pero si a los demás he acabado otorgándoles fe de verdad, a éste, que lo certifica un notario, aún más.

«Aquí he nacido yo, por lo visto, en este pueblo que si no tiene ya apenas nada de lo que fue, no sé por qué habría de tenerlo yo. Callejones estrechos y callejuelas que suben y bajan entre hileras de casas, unas blanqueadas y otras no. Tengo aún algún recuerdo feliz de una infancia que huye de su definición: el agua fresca de un cántaro cayendo sobre mis rodillas, el trote de una mula sobre un pavimento de cantos y polvo, algunas siestas dulces en desvanes donde el cereal se amontona, la poza de un río sombreada de árboles. Y otros asociados a amaneceres duros, a una madre sin rostro que espolea mi sueño, a una travesía en burro hacia una huerta dominada por el imperio generoso de una higuera. Nada me ata aquí, sin embargo. Esos recuerdos flotan solos, sin arraigo, como secuencias imposibles de una vida sin unidad. Miro con atención, desde la altura del cerro donde el pueblo se levanta, esos campos labrados con esmero y trabajo sin descanso y sé, pese a todo, que un trozo de mi alma es la herencia del espíritu que reina en ellos. El hecho de que yo haya nacido en este pueblo, no tiene mucha importancia, me siento más cerca de aquellas espigas que crecen amarillas, secas, desafiantes y promisorias en los extensos campos que se pierden en estos cuatro horizontes de intensa luz».

Estuches para notarías, despachos y escritorios.   Contacto: eladiore@yahoo.es

los diarios de Danilo Manso

Las huellas que de su vida deja Danilo Manso en la red no son comprobables. Sus versos, los poemas que se le atribuyen, los cuentos que dicen que escribe, tampoco. Danilo se pasea y circula entre los que le seguimos como lo que es, un ser simultáneamente verídico y conjetural. Sólo para los que firmemente no creen en él, no existe. Para nosotros, los que no existen, son los que no creen en él. Va y viene, aparece y se esconde, estuvo aquí y ahora no está. Yo recojo de él lo que me sirve y lo que se me antoja, me gusta encontrarlo allí donde algún día a mí me hubiera gustado estar, en travesías, en hoteles, en ciudades grandes, en autobuses nocturnos, en paises remotos, en parajes montañosos. El siguientre fragmento forma parte de su diario. Como de la mayoría de sus textos, existe la sospecha de que hablando abiertamente sobre él, camufla sus múltiples huídas. O no. A lo mejor no y esta vez era el amor quien de verdad huía, y no él.

«En esta casa en la que ahora estoy no duermo. Comer, tampoco como mucho. Hago algunas cosas, casi todas sin provecho, y el día se me pasa con una tensión paralizante, de largo recorrido. Pese al silencio, oigo de manera constante el ruido de motores, máquinas y vehículos que no son imaginarios. A veces un avión marca en el cielo los límites de esa realidad. Más arriba, en los montes, obreros embarrados trabajan con cables bajo una lluvia invariable. Por los caminos enfangados suben y bajan las vacas, lentas, con ese paso de plomo como animales hechizados. El paisaje, entre tanta nube, es de un verde doliente, de pastos exuberantes, bosques de eucaliptos en sacrificio temporal y cabañas de piedra de soledad milenaria. Una violencia indefinida late, subyace bajo esa idílica estampa pastoril. Abajo, en el pueblo, la vida se hace con las sobras del día anterior, como algunas de mis comidas, como los sueños de este amor que va languideciendo…»

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Danilo Manso no usaba maletín

Originalmente, este poema fue escrito en inglés y encontrado en un maletín. Todas las mentiras que se vierten en la red acerca de su paso por Florida, en cuya Universidad Internacional Danilo Manso asistió a uno de sus seminarios de Literatura Hispánica, son en esencia verdaderas. Ni hablaba inglés, ni entró en contacto con poetas americanos, ni tuvo una amante angloparlante ni, por supuesto, asistió nunca a cursos o seminarios en ninguna universidad. Probablemente, los testimonios acerca de Danilo Manso en Florida sean también falsos. Sin embargo, hay pruebas concluyentes de que el poema que sigue fue escrito originalmente en inglés, publicado en Florida y escrito de puño y letra por Danilo Manso. Misterios de la literatura.

De noche, al final,

cuando su cuerpo milimetraba

con cálculo infame la distancia

que nos separaba, yo sentía

su calor ligero y turbio como un mal

que avanzaba hacia mí.

La cama se hacía tan grande

como un océano frío, la oscuridad

estrecha y pequeña, el abatimiento

quizás desmedido.

                                     Y no era deseo

lo que yo esperaba sino algo

más simple y más torpe, más imposible,

un sencillo roce que me hiciera

sentir la vida.

No lo había, así que con impotencia

me abrazaba a esa sostenida respiración suya,

el último abismo de aquel cuerpo que

definitivamente huía.

 

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La mujer transparente

Rosario Jarro es autora de un solo cuento. Danilo Manso, socio fundador de la revista D.O. BELTRONICA, le pidió una colaboración para el ya mítico número 0 de aquella publicación. La escritora accedió a la demanda a cambio de que el propio Danilo instalara unos visillos de Holanda en el salón de su casa, conseguidos en un intercambio similar con un editor de Rotterdam, interesado en incorporar a la autora a una nómina antológica de cuentistas de un solo cuento. Desde entonces, el relato ha sido publicado innumerables veces en distintos medios y en soportes variados, lo que ha permitido a Rosario Jarro obtener recompensas con las que incrementar su patrimonio doméstico. Para su publicación en HERMETICAMENTE RECTO, la ya casi octogenaria escritora ha solicitado un par de apliques de pared, con flores y mucho color, con los que alegremente iluminará el sombrío pasillo de su casa. El acuerdo ha sido inmediato. El relato de Rosario ensaya un tema universal, presumiblemente contado aquí y allá de mil maneras diferentes, pero escrito de un modo sencillo, original y único, en su juventud, por esta dama venerable. Como creemos por encima de todo en el valor de lo inútil, porque creemos en la literatura, es fácil adivinar cual de las dos partes ha salido más  beneficiada con el cambio. El relato lleva el título que da nombre a esta entrada, y esta es la transcripción del manuscrito original:

Una mujer vivía sola. Su mundo era muy pequeño, una pequeña campana de cristal hecha de rutina en la que como una autómata flotaba cada día. Hacía mucho tiempo que había decidido algo: no encontrarse nunca con sus ojos en los espejos. Pero una mañana, sin saber por qué, no cumplió esta norma. Y sus ojos se encontraron con sus ojos. Notó algo extraño, algo impreciso, como si su figura no tuviera una línea definida, como si su silueta se difuminara ligeramente. En los días siguientes fue estudiando este extraño cambio, al que siguieron otros más: poco a poco, y sin saber por qué, notó que sus compañeros de trabajo cada día se dirigían menos a ella, apenas sí la saludaban cuando cada mañana se deslizaba como un pequeño fantasma por la oficina; en los comercios, los dependientes nunca parecían oir lo que les pedía y siempre era la última en ser atendida; el autobús que cogía a diario dejó de parar si ella era la única persona que esperaba en la parada. Su voz se volvía más y más débil, apenas un susurro, como el del viento que rozaba las ramas vacías de los árboles aquel invierno, igual de gris y triste. Cada día, la imagen que le devolvía el espejo era más translúcida, más difuminada, casi transparente. Una tarde salió a la calle. Llovía y en las aceras la gente se apresuraba. Algunos la flanqueaban, otros la empujaban, había quienes incluso pasaban a través de ella. Nadie la veía. Ella se buscaba en los ojos de los demás y sólo encontraba miradas vacías. Fue entonces cuando comenzó a llorar. Lloraba como nadie había llorado antes y al llorar ella misma se convertía en lágrimas. Al final solo quedó un pequeño charco en el suelo, hecho de lágrimas y lluvia, que los peatones esquivaban para no mojarse los zapatos.

Apliques de pared   MEDIDAS: 3ocm×30cm  MATERIALES: papel natural sobre hierro.     Contacto: eladiore@yahoo.es

 

 

 

Danilo Manso entre letrados

20160222_121224Al parecer, durante su estancia en Lisboa, Danilo Manso publicó algunos poemas en una revista local, una publicación aséptica de contenido mayoritariamente jurídico financiada por abogados jóvenes. La mujer que quiso enamorarle, también letrada y joven, le facilitó el acceso a la publicación. En realidad, no eran ni siquiera poemas, se trataba de breves fragmentos en prosa aprisionados entre farragosas sentencias relativas a divorcios: líneas, párrafos más o menos rítmicos con los que el articulista ilustraba sus tesis y Danilo pagaba sus bocadillos de chorizo. De aquella revista, que puede consultarse libremente en internet, he seleccionado este fragmento, lo he introducido en el ordenador y he aplicado un programa de versificación. El maquillaje no mejora el estilo ni redime su falta de entusiasmo. Sin escrúpulos admito que su valor está en matar el hambre, una variante no indigna de justicia poética que por imperativo legal Danilo Manso merece.

 

Me dijo que no encontraba en mí

al hombre que pudiera darle la felicidad

que ella buscaba.                                                                                                                                                                                                                                             O no lo dijo así,

simplemente dijo que yo estaba

más ausente que presente,

que se sentía lejos, que notaba

en mí una frialdad y una distancia

que le producía una sensación

de impertinente soledad.

 

Me dijo también que me quería,

no sabía por qué,

pero tampoco sabía hasta cuando.

 

Le dije que tenía razón, que seguramente

yo no era el hombre que necesitaba.                                                                                                                                                                                                                O no se lo dije así,

simplemente le dije que tenía razón,

que también yo la quería, sin saber

muy bien por qué.

 

Luego ella se fue y yo me quedé allí,

sentado,pensando

cómo terminar este poema                                                                                                                                                                                                 de amor.

 

los lapiceros de Danilo Manso

Danilo Manso dejó, al abandonar Lisboa en 1982, una disparatada cantidad de làpices desparramados por la habitación del ático que ocupó durante dos meses, en la rua dos Fanqueiros. Lápices la mayoría de ellos aún sin estrenar, de calibres diversos, de carbones y grafitos diferentes, algunos plastificados, otros cortos, apurados al máximo, con huellas de haber sido mordidos en su extremo, o masticados, como si hubiera estado sólo comiendo lápices. En la habitación no había más muebles que una cama y un estrecho armario desmontable, de cartón aragonés. Podemos suponer que Danilo viajaba entonces ligero de equipaje, y que los lapiceros allí abandonados imponían una carga. Es sólo una hipótesis, nada sabemos con certeza. El hecho de que las cuatro estrechas paredes de la habitación estuvieran saturadas de frases y fragmentos indican el precario desapego de Danilo ante lo material. O una falta de papel o un exceso de delirio. O ambas cosas a la vez. Sabiendo lo poco que aún sabemos de él, no es difícil imaginarlo escribiendo enfebrecidamente en noches dominadas por el insomnio. Astrid Rubio, una amiga del poeta acostumbrada a llegar tarde al lugar del crimen, visitó pocos días después esa habitación, alertada ante la falta de noticias. Antes de que las paredes terminaran de ser blanqueadas, tuvo tiempo de anotar parte de lo allí escrito y memorizar el resto. En su opinión, ese material fundamenta una antología. La editorial Beltrónica, con su asesoramiento, publicará en breve una corta selección de aquellos fragmentos y aforismos. Adelantamos en primicia uno de ellos, y nos adelantamos, también, a los juicios equivocados que puedan derivarse de su lectura. Es previsible que la mala digestión del carbón y la madera inspiraran en grado pésimo al poeta, más, creemos nosotros, que el comprobado empacho de sus lecturas nihilistas. Con todo, el aforismo mantiene, para quien lo sepa ver, el tono de humor resignado y levemente irónico empleado por el poeta en algunos de sus textos más conocidos. En el peor de los casos, una píldora que nos protege del irracional aprecio que hoy el éxito tiene: «Si lo que deseáis es prolongar la agonía del fracaso, no perdáis nunca la esperanza».

BOTES PARA LÁPICES. Cartón y papel nobel.

Contacto: eladiore@yahoo.es

 

 

dos poemas de danilo manso

Silvia Fresno asegura en su email haber editado más de cincuenta libros de Danilo Manso en su pequeña y necesariamente modesta editorial artesana. Libros de pocas páginas, más bien folletos, un puñado de hojas primorosamente encoladas, grapadas o cosidas a un cartón o presentadas en cajas o encintadas con más o menos gusto o perfección. Volúmenes, vamos a llamarlos así, hoy inencontrables. La brevedad de los mismos respondía a la necesidad de una edición urgente, práctica y vertiginosa, pero armonizaba a la perfección con el talento, también escaso, del autor. Los siguientes poemas constituyen la totalidad del poemario titulado «Peñas arriba», con prólogo de la editora y escritos, al parecer,en el otoño de 1989, bajo la permanente protección de un paraguas.

Cuando me mira así,

con esos ojos acostumbrados al triunfo,

es casi una obligación amar a otra,

no vaya a creer que mi dolor es

exclusivamente

patrimonio suyo.

 

Los caballos.

Están por todas partes.

Galopando, al trote, parados.

Son mis fantasmas.

Aparecen entre el barro y la niebla, brillan sus pieles bajo el sol, se funden                                                                                                                          en los aguaceros.

Son hermosos, tristemente hermosos en estos días sin luz.

Me comen las manos, los labios, la bondad,

la siembra equivocada de toda una vida.

MEDIDAS.

Grande: 25.5cm×17.5cm  Mediana: 12cm×16cm  Pequeña: 11.5cm×8.5cm

Papel pintado a mano con engrudo de harina, agua y pintura.

Interior: papel Torres verjurado de 90 gms.

Libretas solo por encargo a eladiore@yahoo.es