Papeles perdidos. 2

El primer capitulo de La fiesta del oso, la novela de Jordi Soler, es portentoso. Narra la huída, a través de los Pirineos, de algunos soldados del ejército republicano definitivamente derrotado. Uno de ellos, Oriol, es abuelo del narrador, quien busca y rastrea en documentos y testimonios lo que fue su vida a partir del dramático y triste final de la guerra civil. El resto de la novela completa la verdad de la búsqueda, revela el sentido que la determina. Al drama de una historia de vencidos que derraman virtudes de heroicidad antes de ser derrotados por la pena y la miseria de los campos de refugiados franceses, van añadiéndose pormenores donde la dignidad del personaje principal empieza a perder brillo, los nuevos descubrimientos maculan su coraje, su falta de integridad eclosiona en bajezas imperdonables, traiciones y abyección. El final de la novela le concede un premio que a mi modo de ver el personaje, como personaje, se merece, pero la novela tal vez no. La anécdota y la bufa acaban por imponerse a la gravedad y el dramatismo de un ser que comenzó inspirando estampas de grandeza y termina convertido en un individuo grotesco, un animal de circo. Es un final que está bien para un chiste, pero no para una novela cuyo magistral primer capítulo despierta expectativas más logradas. No necesariamente graves ni dramáticas, pero sí exentas de anticipación y debilidades imaginativas. La prosa, la excelente prosa de Soler, delira tanto con sucesos impresionantes como con aventuras con cuya fantasía espera encontrar uno más goce y menos deriva. Una parte de esa intensidad narrativa con la que arranca la historia se pierde en algún tramo del camino, el interés no se diluye pero se dispersa y el último tramo final avisa ya de lo que se avecina. Pero la lectura es gozosa y, pese a todo, total, vuelve a ganar la buena literatura. Y mientras yo leía entusiasmado ese primer capítulo que descompuso para bien la tranquilidad de mi sobremesa, pensaba en mi padre, en esos días finales de la guerra donde él también fue un protagonista vencido, y uno más de los miles de humillados en campos de refugiados franceses. Lo que me contó mi padre sobre eso es poco. Quizás fue más lo que contó de lo que yo creo que contó, pero yo recuerdo poco. Cuando era pequeño, aquella bomba que cayó a pocos metros de él, las zanjas que durante la noche cavaba para habilitar trincheras, los ecos de la batalla del Ebro y su destino fatal de refugiado y preso despertaban en mí una curiosidad amordazada por grandes dosis de silencio. Una curiosidad que luego yo no alimenté lo suficiente. Ahora tengo hacia esa forma imperdonable de olvido un cierto resentimiento. Sé que algo me duele cuando dentro de mí descubro la ausencia de memoria. Porque la historia de cada uno es también la de aquellos que han vivido no solamente antes que nosotros, sino también por nosotros, y que unos y otros somos los mismos. Cuando el hilo de la memoria se rompe es cuando entonces dejamos de ser esa unidad que da sentido a un proyecto de vida en un marco común. Tuve con mi padre largos periodos hechos de silencios e indiferencias que emanaban de personalidades y caractéres esencialmente no muy distintos. Ahora conozco mejor aquello que estando dentro de mí es en parte herencia suya, pero esos desencuentros generaron entonces una forma no hostil de alejamiento. No de su cariño, que estoy seguro de que siempre lo tuve, pero sí de esa memoria con la que perdí la oportunidad de continuar dando sentido a lo que somos. A veces ocurre que en la búsqueda desesperada de la propia identidad matamos para crecer a la figura del padre. Un error, porque alejándonos de él, nos exiliamos de la Historia. Y hay exilios de los que ya no se vuelve.

Nota para un dossier sobre mi padre. 2010.

 

6 comentarios en “Papeles perdidos. 2

  1. .” Sé que algo me duele cuando dentro de mí descubro la ausencia de memoria.”…. a mi me duele mucho por no preguntar , por no mostrar interes, por olvidar lo que me contaban mis padres. La vida de mis padres era de película : les toco la horrorosa hambruna de 1933, los campos de trabajos forzados en Alemania , los campos de trabajos forzados en Rusia al regresar de Alemania y mucho más.. Empezaba muchas veces escribir…todo sobre mi madre…y no puedo. Un abrazo, Eladio.

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  2. Algunos tuvimos oportunidad de escuchar el pasado de nuestros ancestros a una edad donde el proceso de reflexión y/o comprensión, no estaban bien desarrolados, y acabamos por ver esfumados todos esos recuerdos.
    Una interesante reseña y una deleitable reflexión que invitan a conocer el libro “La fiesta del oso”. Lo reservo para una próxima lectura.
    Un abrazo, Eladio.

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