Notas para combatir el aislamiento. Séptimo miércoles.

He llamado a mi lotero de la ONCE para reservar unos cupones. Ahora está parado, con un ERTE, pero atiende a título personal un servicio por encargo de cara a futuros sorteos. Es un hombre con una deficiencia motora simple que sabe de todo, lee mucho y tiene sus ideas propias. De vez en cuando, cuando la vida era normal, le compraba algún número y me ponía al día en cuestiones de ciencia. Del coronavirus espera lo que todos, pero él un poco más porque por defecto profesional confía en la suerte. Me ha aconsejado que compre números acabados en 13, que salen baratos porque ahora nadie los quiere. A él mismo, experto en vacunas y azar, no le parece extraño que hoy más que nunca esa fe colectiva en la ciencia y la arraigada superstición en tonterias como ésa, convivan sin importunarse. Me dice con mucha sabiduría que ambas cosas se dan simultáneamente en la misma clase de personas. En realidad, es el mismo miedo lo que hace creer en las dos. Para esa gente, que somos casi todos, la ciencia está bien, pero hay que ser también supersticioso, por si acaso. Al final, lo que verdaderamente esperamos es un poco de suerte. Dice que leyó hace poco, no recuerda en qué periódico, que Alemania está haciendo muy bien las cosas con la pandemia, pero el ochenta por ciento es resultado de la suerte. Nada menos que Alemania, subraya, alzando un poco la voz. Como yo soy ateo en todo, le digo a mi lotero que me reserve trece números que acaben en 13 y uno, con uno es suficiente, que acabe en 22, el número resultante de una combinación algorítmica infalible creada por él mismo, un acierto seguro. Eso sí, le pido por favor que no junte los números baratos con el algorítmico, no sea que por la tontería de mezclarlos luego no me toque.

2 comentarios en “Notas para combatir el aislamiento. Séptimo miércoles.

  1. Eso de supersticiones practicamente queda en el fondo de cualquier persona sea ateo, creyente , superstisioso , muy culto e inteligente o no tanto.Es geneticamente y su revelación depende de las circunstancias vividas. Un chiste: ni una Iglesia podría convertir tanta gente a los creyentes que cinco minutos de turbulencia en avión. Un abrazo.

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