Notas para combatir el aislamiento. Séptimo lunes.

Poco a poco los insectos y otros bichos livianos van abandonando su cuarentena. Las moscas, muchas de las cuales pasan el invierno en Benidorm, comienzan a volver de sus recintos acristalados y derrochan la vida que les queda en los manteles aún por recoger. En mi casa, que tengo de todo, el moscardón me intimida con su vuelo acerado y veloz; las avispas, avispadas desde hace ya semanas, entran y salen de su cartón carcelario a intervalos de sol; la mariposa atolondrada suicida su belleza en el agua de las acequias y la escolopendra, que bebe de la madera húmeda, estremece en su convulsa agitación. De la tierra emergen orugas peludas que trepan hasta mi dormitorio, donde el geco las atrapará, y escarabajos lentos y mortuorios arriesgan sus carcasas en la penumbra del zaguán -ay, ese crujir doloroso bajo mis pies! Garrapatas que erizan el tejido capilar arden en los rastrojos, arañas del polvo tejen sus redes de niebla sucia en las que cae el moscardón y choca contra la ventana iluminada, cabezonamente, la polilla testaruda. Poco a poco, la vida y la muerte recuperan su normalidad.

 

 

 

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