Notas para combatir el aislamiento. Sexto lunes.

He decidido empezar a fumar estos días para poder ir al estanco. Es como si empezara uno a cansarse de hacer sólo la que está estrictamente permitido y vence el deseo de romper con todo. A un hombre de orden como yo, una actitud rebelde resultado de un deseo incontrolado puede resultarle cara. Incluso amenazar gravemente y para siempre el futuro de sus rutinas. No vale la pena. Hay que dejar a los valientes que hagan ese papel, aunque el papel del antihéroe está muy mal visto estos días. Pero puestos a elegir, absolvería al joven infractor que acude a una cita sexual y condenaría al que adopta un perrito como excusa para salir a pasear por las tardes. Sobre todo porque el segundo ni siquiera es valiente, más bien al contrario. En ese sentido, yo soy de los de más bien al contrario, pero al menos no adopto un perrito como excusa. Sí que hay en esta rebeldía mía un poco de chulería, tonta, porque hay que ser tonto para volver a fumar, pero por lo menos puedo ir al estanco sin quebrantar la norma y de paso veo mundo, que falta me hace. Voy de viaje una vez a la semana al súper y una tarde me dejé caer por la farmacia, pero estos lugares son monótonos o acelerados e incómodos, y tropieza uno siempre con gente triste y aprensiva que tiene sus razones para estarlo, o con insolidarios legales que vacían los estantes de las marcas blancas, que todavía los hay. En cambio, el estanco es el mundo turbio de los rufianes y los decadentes, mucho más interesante que una tienda de alimentación. Y el de los maridos que bajan a por tabaco y ya no vuelven, aunque hoy sí vuelven porque no tienen otro sítio a dónde ir. Allí me he encontrado precisamente a Ernesto, que no es fumador pero ha vuelto a fumar hace poco, y a Luismi y a Jero, que no habían fumado en su vida, lo que me ha decepcionado enormemente porque gente más aprensiva y triste que ellos no hay nadie. Tendrían que estar en la farmacia. Y sin embargo, los que tendrían que estar, los turbios y los malandros, me ha dicho el marido de la estanquera que no vienen porque están aprovechando la cuarentena para regenerarse. El marido de la estanquera, que además me cae mal. Creo que voy a dejar de fumar, aunque rebelarme de alguna manera tengo que rebelarme. No me va a quedar más remedio que concertar una cita sexual. O éso o adoptar un perro, pero no me gustaría ser tan cobarde.

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