Notas para combatir el aislamiento. Quinto viernes.

Yo también quiero hablar de Montaigne, es un sueño que desde siempre he tenido. Cuando algunos de mis escritores favoritos, y otros que no lo son, hablan de él o citan algún fragmento de su Essais, siento la gran envidia de no tener una obra donde citarlo yo también. Montaigne es uno de los grandes confinados de la historia, un confinado voluntario que como todo el mundo sabe se encerró en su castillo a los treinta y ocho años y dedicó el resto de su vida a escribir sus ensayos. Estos días viene bien acordarse de él por las pequeñas semejanzas que guardan la época que él vivió y la nuestra, no sé cual de las dos es peor: la peste también es muy mala. Yo le he leído poco, si he de confesarlo. Me compré los tres volúmenes en falsa piel que editó Cátedra, y por ahí deben andar, entre otros enterrados en vida. Al primer volumen le hice un estuche especial y me lo llevé a Lisboa, es el que más suerte ha tenido. Por la tarde salía a pasear por las calles de Alfama próximas al Panteón Nacional y sentado en la baranda de piedra de su gran atrio leía algunas páginas. Lo leí también algunas mañanas, en un café pequeño a los pies del castillo de san Jorge, un poco por tontez, por pensar que el castillo que a mí me daba sombra tenía algún vínculo con el chateau de Saint Michel de Montaigne, donde nuestro escritor nació y donde también murió, cincuenta y nueve años después. Yo creo que fue la selección que hizo Gide lo que me hizo olvidar aquellos volúmenes de estética clasicista. A Gide, otro de los grandes que no he leído, debía parecerle poco citarle de vez en cuando y prefirió reunir todo lo que le gustaba del filósofo en un libro aparte. También me lo compré, era mi época de ansiedad, la momtaignemanía, y me lo leí, aunque parezca mentira. Era una forma un poco tramposa de leer a Montaigne, para poder citarlo algún día, pero nadie se íba a dar cuenta. El original lo hubiera leído entero, de pe a pa, si hubiera sabido que su confinamiento y el mío, salvando las distancias de los siglos, estarian hermanados. Pero como iba a saber yo éso. Cuando se me pasó la ansiedad aquella, me olvidé por un tiempo de Montaigne, pero no mucho, porque tarde o temprano encontraba sus sabias palabras entrecomilladas en algún libro que tuviera entre manos. Entonces descubrí que la mejor manera de leer a Montaigne es a través de las citas que te deparan los libros de los otros, y ya no lo leo de otra manera. Yo creo que todos los días leo a Montaigne. O casi todos. A Montaigne, que en sus ensayos citaba una y otra vez a clásicos grecolatinos y omitía los pensamientos propios porque ya lo habían dicho otros de “mejor manera”, le sorprendería la múltiple profusión de los suyos más de cuatrocientos años después. Lo que viene a decir que hoy, por mucho que se hable y se hable, todo lo dijo él ya de mejor manera. Humildemente, para sumarme a esta confusa babel de citas y frases que han de salvarnos, traduzco del francés lo que el humanista escribió aquel lejano día en que decidió su reclusión: quédate en casa.

7 comentarios en “Notas para combatir el aislamiento. Quinto viernes.

  1. Una buena forma de leer a Montaigne (“el señor de la Montaña” lo llamaba Quevedo, creo) y a otros son las citas o, a lo sumo, los entrecomillados. Es un método eficiente de hacerse una idea cabal del autor. Y, además, todo está dicho, mejor dicho, con más elegancia, con menos garrulería (como es el caso). Para botón una muestra: “Restons à la maison”. Un abrazo.

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  2. “Lo que viene a decir que hoy, por mucho que se hable y se hable, todo lo dijo él ya de mejor manera. ” Exactamente!! lo mismo digo yo ,por ello no hace falta ni preocuparse , ni esforzarse para sorprender el mundo….diga lo que piensas , lo que sientes y si coincide con los pensamientos de los grandes…todavía mejor, entonces eres inteligente. No leí Montaigne de verdad, pero sus frases sabíos andan por todoas las partes…pero no es lo mismo que leeer sus ensayos.
    Tuve un período parecido al tuyo…obsesivamente leía a Dostoevski…todas sus obras en un breve período , fue en mi juventud…y luego nunca jamas leí algo de él y no tengo ganas de leerlo. Fue sobredosis. Un abrazo.

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