Notas para combatir el aislamiento. Quinto domingo.

Fue a la gasolinera a por gas y de paso compró el periódico. Hacía mucho que no lo compraba. Le dieron también el suplemento del domingo y la empleada le miró de malos modos cuando pagó todo con monedas de dos euros. Quizás fue una venganza por haberle dado la llave de la jaula sin guantes. No fue una buena idea comprar el periódico porque estaba saliendo el sol y reservaba esa actividad para un día de lluvia monótono y gris, un domingo monótono y gris que le permitiera leer con solidario pesimismo las notícias sobre la pandemia. Sentado en el poyo del porche, con tanta luz y tanto cielo azul, resultaba imposible convocar la tristeza adecuada. Tenía que hacer el esfuerzo de leerlo porque las notícias en papel vienen con un día de retraso. Lo intentó, pero le distraía el zumbido de los avispones revoloteando en torno al lilar. Que, por cierto, estaba precioso y no se había dado cuenta. Se levantó para observarlo de cerca y comprobó que el rosal empezaba también a despuntar. Parecía que todos los elementos de la naturaleza se confabularan para amargarle la existencia, con lo caro que es el periódico. Por suerte, las nubes retenidas en el macizo de la Peña conseguían salvar la barrera y acudían en tropel hacia donde él se encontraba. Su esperanza renacía de nuevo. Poco a poco, el sol fue desapareciendo entre aquellas y él a notar en su interior un dulce abatimiento. Entró rapidamente en la casa, se puso las pantuflas y la bata y se sentó en la butaca con el periódico entre las manos, frente a la ventana, dispuesto a empaparse de malestar. Pero no duró mucho. Otra vez el cielo se despejó y la luz del sol vibró en las alas de un pájaro albinegro cuyo vuelo acentuaba la hermosura dispuesta a arrebatarle su triste regocijo. Y más arriba, circulando majestuosa sobre los peñascos elevados, un ave rapaz mandaba un flujo de señales intermitentes y misteriosas, el probable aviso de una epifanía en el momento que menos lo necesitaba. Todo le llegaba puntual, todo, al instante, como hecho a propósito para despertar su sentimiento de culpa. Dobló el periódico y cerró los ojos, resignado, esperando que la mañana siguiente las cosas mejoraran, aunque fuese con un día de retraso.

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