Notas para combatir el aislamiento. Cuarto viernes.

He ido a la parcela de Amancio a ver si había fresas. Me lo dijo él antes de que empezara el confinamiento, ve y coge las que quieras. Pero no hay nada, ya no hay fresas por ningún lado. Lamentablemente, y me sabe mal decirlo, hay mucha basura en forma de plástico. No está amontonada, está repartida por la parcela en sublime abstracción, como manchas matéricas sobre un fondo de verdor espeso y umbrío. Hay plásticos hasta en las ramas de los avellanos. Desde el camino, el huerto de Amancio se ve como una tentación edénica. Levantas la vista al cielo, por encima del monte arbolado y su corona rocosa, y cuando la vuelves a dejar caer, aunque lo hayas visto mil veces, sufres el impacto de su revelación. La casetilla está medio hundida, comida por la hiedra y envuelta en las sombras de los nogales y la masa sutil y aérea de los almendros, como esos cuadros románticos que evocan paraísos perdidos. Hechiza ese vergel pegado casi a la montaña, protegido por ella como un dios, al que se accede por un caminillo descendente abierto entre cultivos de alfalfa, ahora verdes como la lujuria. Si lo ves por primera vez, te arrodillas sobre la tierra roja y dejas que la luz derrame sobre tí su bendición, dicho sea sin exagerar. A izquierda y derecha el valle se pliega como una concha y dan ganas de quedarse encerrado allí, entre la fronda y los surcos húmedos, a cumplir confinamiento infinito. Y una vez dentro, y pese a los plásticos, es un lugar de calma que acoge como a un peregrino hambriento y cansado de tanto andar. Un banco hecho con piedras, una mesa hecha con tablas, un techo hecho con paja y algo de suciedad hecha sombra, no se puede pedir más. Se puede pedir más, pero no está Amancio y las fresas no hay dios que las vea. No hay fresas, solo una frase, a lo mejor es que yo le entendí mal. La serpiente puede caer en cualquier momento. Está escrita en trazos gruesos sobre un papel clavado en la puerta enana. Tal vez la señal de que efectivamente aquí estuvo el paraíso. Por lo que sabemos, la serpiente ya ha caído.

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