Notas para combatir el aislamiento. Tercer viernes.

El huerto de Queta está a cincuenta metros de mi casa, en un ramal del camino. Me he acercado porque desde la ventana he visto que fumigaba un nogal. No la veía hace tiempo, obviamente. “Nerviosa”, ha contestado, cuando le he preguntado por su salud. Bob, su marido, tiene problemas respiratorios pero se encuentra bien. “No está relacionado con el virus, es algo crónico”. La casa, que es muy grande, se le cae encima, pero los huertos están sujetos al protocolo de alarma. Se lo ha saltado porque necesitaba unas cebollas. “Ya que tengo que salir a comprarlas, pues vengo aquí”. Los dos rondan los ochenta años, pero el huerto los mantiene en forma, sobre todo a Queta. Viven en la ciudad, pero el confinamiento les ha pillado en el pueblo y no saben si para bien o para mal. A Queta no le gusta parar. Cuando vienen, como ahora, corta, poda, riega o empuja el motocultor calzada en sus grandes botas de goma. Mientras tanto, Bob descansa en una butaca plegable al sol o a la sombra, depende de la estación. Bob me dijo un día que se afeita todas las mañanas, sin excepción, desde los veinte años, cuando empezó a trabajar en una empresa de corcho. Y Queta, que viene con vaqueros gastados y un chaleco sucio de tierra y manipula las herramientas con sus manos enguantadas, conserva en su cabello siempre arreglado el aire presumido de la mujer que fue hermosa. Aquí, en los huertos, todos se conocen y se saludan o entablan una conversación entre bancales, pero Queta ha sido la única en reunirnos en el suyo una vez, bajo la parra, para comer y beber por el placer de juntar a la gente. Siempre hay alguien así. “Espera, llévate unas espinacas”. Entra en el chamizo y sale con una bolsa que me entrega por encima de la cerca que no he querido traspasar. Ahora, por la noche, he sacado la verdura con intención de lavarla y hacerme un revuelto. Al fondo había un papel no del todo arrugado que parecía tener algo escrito a mano, con lápiz. Era una lista de la compra, no muy larga, con todos los artículos tachados con una raya. Menos las cebollas.

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