Notas para combatir el aislamiento. Tercer martes.

La lluvia sigue hablando sola, imparable y lenta. Su voz no te molesta porque es una voz de frases cortas y cálidas, como si del cielo cayeran aforismos. No como otras, furiosas y hostiles, cuyos vozarrones vomitan datos y cifras devastadores. La lluvia de hoy te retiene aquí, encerrado en casa, más tiempo del que tú quisieras, pero acabas por acostumbrarte enseguida a los fenómenos maternales. Como ninguna otra, esta lluvia es maternal. Envuelve la casa sin apenas ruido, calzada con zapatillas afelpadas para que sientas sin alarmarte su presencia protectora. Estoy aquí, te dice, en un susurro de voz tan íntimo que tus temores se desvanecen. La ves caer por la ventana difuminando el paisaje fusionada con la niebla, otro caballo protector que despliega sus crines sobre la tierra fértil. Y canta sobre el tejado con alegría seca y sostenida, una nana que mece tu sueño hasta que tus ojos se cierran y tu corazón late al compás. En mitad de la noche, en el centro de esa oscuridad vasta que te rodea, tal vez despiertes y creas no sentirla sobre tí, a tu lado. Madre! -dirás entonces, llamándola. Estoy aquí, hijo, estoy aquí…

6 comentarios en “Notas para combatir el aislamiento. Tercer martes.

  1. La lluvia tiene una dimensión maternal que has plasmado magníficamente en este texto. La lluvia que tranquiliza, que reconcilia, que permite dar un giro a cualquier situación y enfrentarla con otra disposición anímica. La lluvia madre, la lluvia amiga, la lluvia nutricia. Que tengas un buen confinamiento sabatino.

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