Notas para combatir el aislamiento. Jueves

Al parecer, la gente de los huertos está cumpliendo rigurosamente el confinamiento. Son casi todos hombres mayores, jubilados que con toda probabilidad no sin amarga desazón se someten a restricciones tan severas. El huerto es su vida, y si este período de aislamiento se alarga más de lo deseable, a muchos de ellos el encierro en sus casas les convertirá en seres mustios y apáticos, algo que el trato diario con la tierra consigue evitar. Sólo a uno de ellos le he visto llegar alguna vez, bajarse del coche, abrir la puerta de la cerca y sin parsimonia, como apurado por una necesidad perentoria, mover unos cubos, desplazar unos troncos o cortar unas cañas y largarse. Un hombre, precisamente, acostumbrado a pensar de pie, con los brazos cruzados, mirando fijamente el crecimiento lento de una mata o el manso correr del agua en las acequias. O, apoyado en el extremo de una azada, penetrar con la mirada el aire, como si en él fuera a encontrar una desconocida semilla de sabiduria. Un hombre que no me cae ni bien ni mal porque es seco, frío y parco en el trato, pero que desde lejos, cuando centra su pensamiento en la resolución de algún misterio, cuando le veo desde lejos parado y sumido en un interior desentrañable, siento irresistible la tentación de acercarme a él y preguntarle qué piensa, qué imagina, que rumia. Hoy ha demorado más su tiempo porque cumplía un requisito tolerado. Quemaba, en el rincón más apartado de su huerto, unos rastrojos de humo horizontal y espeso que, fiel a su costumbre, atravesaba con su mirada de filósofo ausente. En otras circunstancias, el alcance indefinido de esa mirada podría traer a su cabeza, pongamos por caso, la desoladora plaga de langostas que asola África, sin yo sospechar remotamente nada. O algo más simple como, por decir algo, la construcción de un aforismo. Como otras veces, le habría observado y, desde lejos, seducido por esa pose de Aristóteles rural, reprimiría la curiosidad que me despierta su figura pensante. Pero hoy no hacía falta. Hoy, en estas circunstancias, su pensamiento era transparente, y ni siquiera el humo espeso y turbio de la hoguera podía encubrir esa única preocupación latente en todos nosotros.

5 comentarios en “Notas para combatir el aislamiento. Jueves

  1. Ma asomo de la ventana ; tranquilidad y lluvia , esa lluvia que me encanta ,suave y delicada con el olor de hierba cortada y tierra mojada, los olores de campo que son raros en ciudad. La vecina del edificio enfrente energicamente limpia los cristales , es lo que hace todos los dias de cuarentena pese a lluvia y que son limpisimos . Seguro que es una mujer disciplinada y sigue las recomendaciones de mantener la rutina diaria. Pues, cada uno a su manera combate el aislamiento. Tengo las sensaciones vagos y borrosos y me siento muy bien lo que me averguenza pero no de forma atormentada sino muy a fondo y debil, por obligarme a mi misma preocuparse.
    Sin quitarme pijama , sin ducharme..¡.uy que horror!.. con el libro desayuno durante una hora y media…un placer inmenso. No sé como voy a terminar ese dichoso aislamiento con mi comportamiento tan poco disciplinado.. Un abrazo.

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