Gente normal. 1

No le invitamos a comer porque él nunca nos invita, aunque no es una mala persona. No es una mala persona, pero es rara, o por lo menos tiene fama de serlo. Para nosotros, no es una persona rara en su totalidad, pero estamos de acuerdo en que hace cosas raras. Probablemente se encuentre entre esa clase de cosas raras el que no nos haya invitado nunca a comer ni a cenar en su casa. De hecho, nunca hemos estado en su casa. Reconocemos, no obstante, que nunca nos ha impedido hacerle una visita, pero vive tan lejos de la nuestra que una visita a la suya, con el fin sólo de saludarle y pasar un rato con él, no nos compensa. Él, sin embargo, sí nos visita a nosotros, pero a él, que no acumula ni mucho menos la cuarta parte de trabajo y responsabilidades que tenemos nosotros, el tiempo le sobra. En cada visita que nos hace, cumplimos nuestros deberes como anfitriones y le ofrecemos una taza de té o una cerveza, pero como nos visita a menudo y nos distrae tanto de nuestras obligaciones, estamos considerando la posibilidad de ofrecerle sólo asiento y unos minutos de conversación. Si él nos invitara a comer alguna vez, en reciprocidad, nosotros haríamos lo que corresponde y en torno a una mesa pertrechada de variados alimentos y finos vinos nuestros amistosos lazos se estrecharían. Aunque no lo parezca, estamos deseando que una circunstancia así se dé algún día porque, más allá de ser una persona con rarezas reconocidas, las conversaciones con él son divertidas, aunque, por pedantes, despierten un interés relativo los temas profundos que plantea. Pero eso depende de él. Es verdad que podríamos si quisiéramos tomar la iniciativa nosotros e invitarle a comer a él, algo que sin duda lleva tiempo esperando, pero nadie nos garantiza que sienta posteriormente la obligación de invitarnos a nosotros. Tratándose de una persona como él, cuyas rarezas definen en buena parte su modo independiente de actuar, no estamos muy seguros de que lo hiciera. Además, cuando invitamos por primera vez a comer o a cenar a alguien en nuestra casa, nuestro interés es demostrarle que lo hacemos por el gusto de disfrutar de su compañía, sin contrapartidas, y eso nos hace suponer lo que nos hace suponer. Por eso no le invitamos.

7 comentarios en “Gente normal. 1

  1. En tono coloquial y un tanto burlesco el relato nos presenta a un tipo con algunas rarezas, las cuales, al parecer, no son más que una coartada no para actuar libremente, sino para hacer su santa voluntad.
    La normalidad es una de las mayores abstracciones del pensamiento. Pero no ibas a titular esta serie “Gente anormal”, que es lo que somos. Un abrazo.

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  2. Pues, muy curioso el tema de tu reflexión . Nos dominan las normas de etiquieta , de protócolo y una de ellas es esa , de la cual hablas . Aunque invitamos a una persona porque ellla nos ineresa y nos gusta la comunicación con ella pero si esa persona no nos invita perdemos el interes por ella hasta nos enfada su comportamiento. ¿ Quizá es nuestro ego? Un abrazo…un tema muy amplio

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