El almirez

El viajero no puede contradecir los hechos. La pequeña Reme se subió al autobús de línea en Saelices y viajó a a Madrid con el resto de la familia. El viajero no puede alterar el pasado a su gusto, no puede cambiar acontecimientos, ni fechas, ni decir cosas que no fueron en lugar de aquello que sucedió. Los testimonios se escuchan, se cotejan y se respetan. Con la ayuda del tío Ángel, el padre cargó días antes un camión con todos los enseres que eran propiedad de la familia y efectuó la mudanza. La mudanza sería irreversible, el éxodo culminó con exito. Con el paso de los años, la familia extendió sus  ramas por el páramo suburbial de la capital y consolidó su asentamiento. Eso es un hecho. El pueblo, con todo su pasado de extremas carencias, por fortuna, quedó atrás. Al viajero, sin embargo, le gusta imaginar a la pequeña Reme subida al remolque del camión, entre muebles, baúles y cajas y bolsas llenas de ropa y utensilios. La imágen de la pequeña Reme esperando la llegada del coche de línea también le gusta, porque hay ternura e incertidumbre, y alegría y esperanza y la nerviosa inquietud que provoca en una niña de doce años el desconocido porvenir. Le gusta mucho, pero el viajero necesita que la pequeña Reme viaje en el remolque del camión, debajo de una mesa camilla con la parte inferior de sus patas labradas, y que el destartalado y largo viaje por carreteraas precarias lo entretenga canturreando mientras hace sonar un almirez. El almirez es de bronce, no muy grande, su tacto es muy suave y tiene un brillo dorado mate que le hace parecer oro de verdad. La pequeña Reme, durante el trayecto, canta y saca del almirez sonidos que acompañan sus cantos, una música cristalina perlada de notas limpias y claras que suena también a monedas bailando la danza de la riqueza. La música del almirez puebla de sueños fecundos el trayecto hasta Madrid de la pequeña Reme. Ella no piensa entonces que generaciones anteriores a la suya lo usaron para machacar ajos y especias, como lo hace su madre ahora e incluso alguna vez ella misma. No coloca el objeto en el plano o la dimensión que el viajero le quiere otorgar, el plano de la memoria y la dimensión mítica de los hechos. Para la pequeña Reme, es un instrumento de su presente y lo usa para convocar la alegría que siente y disipar la incertidumbre que le acecha. La pequeña Reme canta y sueña y acaba por dormirse sobre el entarimado de madera del camión, bajo una mesa camilla de patas labradas, envuelta entre trapos y mantas y bolsas y cajas con ropa y utensílios. Para la imaginación del viajero, que la pequeña Reme viaje, cante, duerma y sueñe en la caja de un camión que la conduce a un futuro incierto, pero así mismo esperanzador, constituye también un hecho. En el plano de lo simbólico y lo mítico, un objeto arrastrado a lo largo de años por la corriente de lo cotidiano contiene por igual todos los hechos y todas las historias, las reales y las que no lo son, y todas conforman el mapa verdadero de una trayectoria colectiva. Por eso el viajero, cuando ve el almirez en la casa rural de el Mirador del Vallejuelo, se siente menos extraño y menos extranjero, porque el almirez, que ha vuelto, como él, al mismo lugar del que ambos un día salieron, contiene también una historia fundacional, el relato de los hechos que identifican su raíz, el início de su periplo.

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9 respuestas a “El almirez

  1. Precioso, ese detalle del almirez me calienta el corazón, lo veo al natural. El viajero eres tu , te veo tranquilo, sabio , has vivido mucho y pocas cosas podrían sorprenderte. Estas vestido muy sencillo y estas mal afeitado, pero la barba no la lleva ,’no te gusta la barba. Y de ningun modo las gafas.. Así te veo , un viajero. Beso.

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    1. Gracias, Tatiana, casi aciertas con mi retrato, te acercas, sólo que yo tengo gafas de tres días y la barba me la pongo nada más que para leer, y si le llamas vestir sencillo al desaliñado elegante, también, vamos, y nadie sabe más que yo de torpezas y tropiezos. También ahí das en el clavo. Tranquilo, sí, ma non troppo. En fin, empiezo a quererte. Un beso muy grande, Tatiana. Y muchas gracias otra vez.

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