Marosa en Agraria

Ayer me llamó Marosa y me dijo que echaba de menos mis arroces, que cuando volviera de Agraria, la región limítrofe con la nuestra en su lado norte, pasaría por mi casa y se quedaría unos días. No se atrevía a darme fechas, me dijo, porque le ocupaba un caso que había entrado en aguas sumariales algo turbias y no había garantías de abandonarlas a corto plazo. Era raro que la investigación extendiese su radio de acción tan lejos, incluso fuera del ámbito de su control administrativo, que era la región, pero Marosa lo explicó todo muy bien cuando narró para mí los hechos. Por mi parte, desconocía que en la ermita del niño Jesús de Faros, en la rocosa serranía de Las Frías, hubiera un santo que sangraba. San Astenio. La alarma saltó cuando uno de los cabreros encargado de restañar las heridas del santo, descubrió una mañana que la hornacina de piedra que ocupaba estaba vacía. El cabrero dio parte a las autoridades locales y la desaparición de la figura pasó a manos de Marosa, la jefa de Asuntos Misteriosos. Descartada la primera hipótesis, que contenía un insostenible argumento de desaparición por arte de magia, Marosa y su equipo concluyeron que se trataba de un robo. El valor artístico de la talla era nulo, pero la escultura sangrante del santo sostenía la fe de los lugareños y la marca identitaria de la zona, que atraía cada cierto tiempo a peregrinos y devotos de San Astenio. Como las pesquisas efectuadas en el territorio resultaron infructuosas, Marosa solicitó ayuda exterior. La información se hizo esperar, pero una mañana llegó a la comandancia un documento policial en el que se daba cuenta del hallazgo. Lo firmaba S. Marcos, homólogo de Marosa en la delegación agrariense, donde se había encontrado la figura. A partir de ahí, el caso entraba en los espesos fanganales de la justicia devocional y su resolución parecía dificil. Los lugareños de Jolín, el pequeño pueblo de Agraria en cuya ermita de San Astenio había sido encontrada la pieza, negaron que se tratara de un robo. Los pies llagados del santo, las magulladuras en los brazos y su ropa de peregrino hecha jirones demostraban que San Astenio había llegado a Jolín por su propio pie, y que había elegido la ermita que lleva su nombre como residencia por voluntad propia. Argumentaban, además, que Jolín sufría los atrasos de un pueblo abandonado por sus gobernantes y San Astenio, abogado y protector de los desvalidos, había llegado para auxiliarlo. De modo que el pueblo entero, con su alcalde a la cabeza, defendía que el santo sangrante era ahora propiedad de Jolín y ahí debería quedarse para siempre. El debate estaba abierto, pero la Iglesia, a quien competía en última instancia la emisión de un parecer justo e irrevocable, declaró no estar ya para perder el tiempo en semejantes naderías. Cuando me llamó Marosa, el santo se encontraba en las dependencias policiales de Herniado, la capital comarcal, sometido a interrogatorio. Si hablara, sus palabras podrían aclarar de forma definitiva el misterio de su desaparición, por lo que no se descarta que ese milagro también se produzca. Pero va para largo, me dijo Marosa, no eches todavía el arroz.

Anuncios

12 respuestas a “Marosa en Agraria

  1. No he podido resistir la curiosidad y he buscado al santo en Google, pero por ahí no aparece; sale San Antonio de Padua. Y el nombre a secas, sin la santidad de san, tampoco, todo lo más una entrada del diccionario esperanto-español y otra que confunde la palabra astenio con abstemio. Esto me pasa por indagar ficciones.😁 Saludos.

    Le gusta a 2 personas

  2. Un pueblo llamado Jolín en una región llamada Agraria donde llega un santo por su propio pie para auxiliar a sus desamparados habitantes… Menos mal que Marosa tienen experiencia en cuitas como ésta, ¡y aun peores! Mejor no eches el arroz hasta que no salte el milagro en Herniado, cuando el ambiente viene así de cargado puede pasar cualquier cosa.
    Me han encantado los nombres que has elegido, Eladio. Soy de los que creen que un nombre bien puesto te ahorra un montón de rodeos.
    ¡Abrazos!

    Le gusta a 1 persona

  3. El inicio de este relato engancha de inmediato. O a lo mejor es que a mí me encanta el arroz (paellas, “risottos”, arroz con leche…). Y el resto está a la altura de la expectativa creada, no defrauda, incluidos los bien elegidos nombres propios. La verdad es que me me hubiese gustado que San Astenio se quedase en Jolín. Buen fin de semana.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s