Veintiocho

Camino por la calle con un bocadillo en la mano. En la acera, una cría de gorrión abre la boca y pía. Le doy unos trocitos de pan y embutido. Luego lo dejo sobre el escalón de un portal, esperanzado de que algún vecino después lo recoja. Si en vez de aplicar la lástima hubiera aplicado la inteligencia, hubiera mirado hacia arriba y descubierto el nido del cual probablemente había caído. Y probablemente le hubiera salvado. Pero estamos habituados a aplicar aquello que más arraigado está en nuestras costumbres, cuando nuestras costumbres están dominadas por el corazón y el corazón gira sólo en torno a nosostros mismos, a nuestra propia salvación. Se hace necesario, pues, un cambio de costumbres y anteponer más a menudo el espíritu científico a las inclinaciones piadosas. Tiene resultados más prácticos.

Leo algunos fragmentos del diario de Yves Klein cuando estuvo en España, anotaciones más bien secas sobre el trabajo que no encuentra, su aprendizaje del español o las clases de judo con las que finalmente logra sacar algunas pesetas. Me gusta esto: “Para luchar contra todo en la vida, creo que el único medio es tomar un poco de infinito y utilizarlo.”

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3 respuestas a “Veintiocho

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