Luna llena

Hoy es luna llena. Según la tradición, en las noches de luna llena del mes de enero se prepara el terreno para que las palabras que serán las más importantes del año fecunden y crezcan vigorosas y verdaderas. La capa de tradición y renovación del lenguaje ya está echada, he dejado abiertos unos surcos para que penetre el rocío de la inspiración y se mantenga alerta la humedad que avisa en caso de contrariedades no calculadas. Los primeros días son fundamentales, hay que defender la sementera del acoso siempre constante de los abúlicos y los perezosos, que devoran de forma pasiva los nutrientes semánticos y amenazan con su destrucción total. La vigilancia y el control estricto de la página en blanco extenúa, pero es imprescindible ese tenso cuidado y poco recomendables la prisa y la precipitación. A la hora de la siembra, la selección ha de ser cuidadosa y efectiva, y sólo el posterior y riguroso riego de ideas puede hacer que la palabra despunte y crezca. Ese proceso exigirá de nosotros un esfuerzo suplementario en investigación y análisis, pero mejoraremos la calidad y el resultado de la cosecha visitando campos de labor experimentados ya con éxito. Sin eso, no hay nada. Por su alto potencial contaminante, es aconsejable plantar las palabras enfáticas y pretenciosas lejos de las más humildes y ordinarias, a ser posible en parcelas separadas, y usarlas más tarde sólo en caso de emergencia condimentaria. Está demostrado que los terrenos donde las palabras sencillas y claras son más abundantes, son también más duraderos y más fértiles. Personalmente, evito el uso de abonos bárbaros y fertilizantes de marca extranjera, pero se hace no pocas veces imposible eliminar los residuos transportados por el viento desde cultivos aledaños, algunos de abrumadora extensión. En el transcurso de la primavera, si todo va bien, tendré ya sobre la mesa de papel, listas para su uso y consumo, las primeras palabras de la temporada: pepino, tomate, lechuga, ajo, cebolla y pimiento. Espero poder compartirlas con todos vosotros.

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18 respuestas a “Luna llena

  1. Ignoraba que, aparte de artesano fabulador, eres también un consumado labriego que sabe bien cómo utilizar el lenguaje para que dé sus mejores frutos. Seguir tus consejos es lo menos que se puede hacer para que el trigo grane y la cosecha se asemeje a la tuya.
    O, como tú dices, para tener sobre la mesa hermosas hortalizas. Espero impaciente esa cosecha primaveral que tu buen quehacer agrícola garantiza.
    Así se hace: predicar con el ejemplo. He disfrutado y aprendido mucho con este texto. Un abrazo.

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  2. Ay, temo no haber sido tan vigilante como tú con mis campos de palabras y debo dejarlos en barbecho por un tiempo. No sé, me domina la idea de haber sido invadido por esos residuos que dices transportados por el viento, tal vez un exceso inadvertido de fertilizantes bárbaros… Esperaré. Y no dejaré de buscar aliento en los campos más experimentados.
    Un abrazo, eladio

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