Ritulata.1

Entre nosotros hay un hombre que fuma puros con los pasos contados, la mano siempre puesta en el corazón. Va y viene por la terraza empedrada mientras expulsa el humo en forma de pequeñas salpicaduras de conciencia, no sabemos cual.

Entre nosotros hay un ciclista que sueña con la gloria de un mayor deseo. Se recoge el pelo en una redecilla de alambre envuelta en mustio laurel y exhibe a modo de oferta muslos, torso y brazos embadurnados de sudor de héroe de barranco, mientras con ojos tristes de minero mira el efecto de la luz en la felicidad de los niños.

Entre nosotros hay una mujer que quiere tener menos años y menos hijos. Quiere crecer hacia atrás y hacia adentro, con el vientre lleno de ambiciones puras y pecados limpios, y desgastar poco los anillos y abandonar el ajuar y mancharse de inquina y de gritos que enjuaguen la tediosa honradez de las lágrimas.

Entre nosotros hay un anciano con manchas secas de anciano cansado ya de ser sombra sin forma, palo seco entre la seca pinaza, maldito corazón sin sueño y negra venda en la memoria. Sin embargo está ahí, sentado entre nosotros, y sonríe como sonreímos nosotros.

Entre nosotros hay un hombre de ceño fruncido y cejas espesas que cuenta dinero sobre la mesa, sobre el mantel lleno de migas deposita sacos de monedas que primero manosea y luego abrillanta y ordena en columnas perfectas. Como no sirve para nada, ni él ni el dinero que amasa con contemporánea ceguera, nos olvidamos de que está ahí, de que existe, y algún día pagaremos caro ese olvido.

Entre nosotros hay una mujer de lujo echada a perder, una tontaina consentida que vende cinturones y pieles de manatí, antes imbécil y ahora también cruel. De ella aplaudimos sus coquetos patetismos con imperdonable comprensión, aprobamos sus soseces, su estilo caduco, su impostada tos invernal. El error de haber deseado en mejores tiempos su carne ahora nos condena a muchos al silencio.

Entre nosotros hay un artista con talento prematuramente adelantado al éxito. Galerias de Nueva York y Tokio exponen o arrebatan o esquilman su patrimonio inmaduro. La calle lo jalea, la familia le admira, el dinero le convence. Su obra podrá ser o no perdurable, pero su corrupción es segura.

Ayer, en el modesto hospital de la provincia nació Roque. Gritó al salir, como todos, y llora como todos y ya, sin él saberlo, es afán y esperanza y tragedia, aunque eso poco importa, lo que importa es que ya está entre nosotros.

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13 thoughts on “Ritulata.1

  1. Paisaje y paisanaje. Y un buen ramillete de expresiones certeras que me sacuden en algún lugar, “salpicaduras de conciencia, no sabemos cuál”: “la tediosa honradez de las lágrimas”; “nos olvidamos de que está ahí, de que existe, y algún día pagaremos caro ese olvido”; “Su obra podrá ser o no perdurable, pero su corrupción es segura”;…

    Cada escena abre el telón. Y luego llega Roque. Yo le doy la bienvenida y le llamo hermano.

    Como siempre, una gozada. Un abrazo Eladio.

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    1. Gracias, Paloma, los textos son sustancialmente poemas en prosa, pero Álvaro acierta también cuando habla de escenas. Intento crear una imágen sólida y disfruto corrigiendo mucho la frase. Un abrazo.

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  2. Este repertorio o galería inconclusa de personajes a la que acaba de incorporarse un recién nacido, es una muestra de lo que la literatura puede aportar al conocimiento de la especie humana. Es un compendio tan depurado como la serie de retratos que se suceden en El Principito. El hombre del ceño fruncido me ha recordado a “Monsieur cramoisi”. Lo siento por el pobre Roque. A ti te felicito por este texto. Un abrazo.

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    1. Gracias, Antonio, y dices bien, es una galeria inconclusa, y no puede ser de otra manera. Ni siquiera la lireratura es capaz de sintetizar la infinita variedad de personajes y personalidades que conforman lo que entendemos por realidad. Me divierte trazar esos cuadros y colgarlos de estas paredes en las que todos nos miramos. Un abrazo.

      Le gusta a 1 persona

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