Carpeta de sueños. 2

Recibo una carta que me informa de la hora y el lugar donde he de pelearme. El rival es un conocido de mi infancia, entonces un joven abogado que ahora cría ovejas y vende agua. Cuando llego al portal, surge de entre las sombras y se echa a llorar en mis brazos. Yo le abrazo también y elogio su jersey de lana, aunque está húmedo. Su madre se acerca a nosotros y nos dice que ya está bien de besos y que peleemos como los hombres.

Voy al lavadero de coches porque allí hay un mecánico que me está arreglando el brazo. La oficina es pequeña, un cuarto estrecho sin más muebles que una mesa de despacho, muy baja. Sentado en el suelo, contra la pared, hay un hombre del pueblo haciendo crucigramas. Siempre he sospechado que es un confidente, un chivato de la policía. Mi brazo está sobre la mesa, doblado y en mangas de camisa, con un juego de esposas rodeando la muñeca. Al otro lado de la mesa, un joven pelirrojo con tupé me dice que son cuarenta euros, y que ahora me lo explica.

Voy en un tren con alguien que no sé quién es, solo que es un hombre sin edad y va vestido de militar, o de soldado porque le caen sobre la camisa caqui unos tirantes y tiene el pelo grasiento o sucio, salpicado de barro y sangre seca. Está sentado frente a mí, con las manos entrelazadas, y me pregunta, más bien afirma, que tengo pinta de no haber estado nunca en la guerra. Yo le contesto que sí, que una vez, pero solo de paso.

2017-07-04 08.57.50

Carpetas, portafolios  Cartón y papel nobel  Contacto: eladiore@yahoo.es

 

 

 

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12 thoughts on “Carpeta de sueños. 2

  1. Tres fogonazos. Una pelea que quedó inconclusa y que se ha de continuar. Una novela negra por desenredar. Una presencia que reconocemos y que tratamos de esquivar. Así los leo. Sugerentes e inquietantes. Y me entra hambre de seguir leyendo.
    Un abazo Eladio.

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  2. Me ha gustado mucho ese brazo suelto, él solo en el taller. Sería una buena idea que nos pudieran reparar así, por piezas desenroscadas.
    Qué raros son los sueños pero me gusta recordarlos y ver las mezclas raras que hacemos en ellos.
    Por cierto que las carpetas son muy bonitas, los objetos de papelería son mi debilidad y eso que nunca escribo a mano.
    Un abrazo, Eladio (con el brazo en su sitio)

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  3. Releo más sosegadamente esta nueva entrega de sueños que invitan al psicoanálisis literario. En cada uno de ellos hay una buena historia. La hay en todos los sueños que son una de las fuentes donde abrevan los autores desde el principio de la escritura.
    Tus tres propuestas oníricas son igual de sugerentes, pero yo me quedo con la segunda. No voy a psicologizar, sólo a apuntar que ese lavadero de coches donde arreglan brazos, “mutatis mutandi”, es un arranque excelente para una narración que culmina en ese precio de cuarenta euros cuyo pago no queda claro en concepto de qué se realiza. Tal vez corresponda al personaje pelirrojo con tupé explicarlo. Que tengas una agradable velada.

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    1. Gracias, Antonio. Los sueños son la literatura antes de que hubiera literatura, como bien sabes, y están ahí para hacernos recordar que la función del narrador es la de un simple transmisor. Un saludo de nuevo.

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