La música de la memoria

Lo de mi madre fue distinto. No vienen al caso las horas de aquel lento y doloroso trajín. El afán de todos nosotros era sostener su renuncia, vigilar sus insomnios, procurarle un alivio. Los días y las noches eran todos iguales, una tormenta de arena que nos dejaba ciegos y exhaustos. Las últimas palabras de mi madre no las recuerdo, no sé cuales fueron sus últimas palabras. Las últimas palabras no son siempre lo último que oimos, lo último que oimos es siempre lo primero que recordamos. No se me olvidarán nunca porque le negué el único alivio que verdaderamente necesitaba, las tengo todavía aquí, dentro, como una música, vigilando constantemente los insomnios que le debo, fortaleciendo la renuncia que no supe sostener. Morir en su casa. No tenía ya fuerzas para desear otra cosa que no fuese morir en su casa. Esas fueron para mí sus últimas palabras. Dicen que lo primero que olvidamos de un muerto es su voz, pero no es verdad. Yo todavía las oigo. Como una música.

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