Marosa entra en mi vida

Me he acostumbrado a recibir la visita de Marosa un día a la semana, a la hora de comer. Al princípio, cuando empezamos a vernos, Marosa aparecía por la linde de mi casa de manera irregular, siempre acompañada de su subalterno, en horas de faena, cumpliendo alguno de los cometidos de su rutina diaria. De hecho, nos conocimos porque traía una orden de detención derivada de una acusación que luego se demostró errónea. Se me acusaba, a mí, que centro mis intereses en asuntos de carácter puramente material, de ser el fantasma que deambulaba en la casa abandonada de las Frías, la comarca fronteriza. Que había voces, registros sonoros obtenidos por el cuerpo especializado que ella dirigía, en los que se habían detectado pausas y silencios reconocibles en los míos. Yo, que no creo en esas paparruchas, acompañé a Marosa hasta la comisaría y grabé, como prueba de cotejo que luego resultaría exculpatoria, un fragmento del Frisorium, aquel famoso diálogo que mantienen dos fantasmas sordomudos. Como era de esperar, ni mis pausas ni mis silencios se correspondían con los registrados en la casa abandonada. Más tarde se descubrió, en el sótano, un espectro masculino proveniente de una antigua mansión en Las Templadas, a más de cien km de aquí, de la que había huido por los malos tratos que recibía de sus actuales moradores, cartesianos convictos. Fue devuelto a su circunscripción de origen y el caso quedó cerrado. Como el error exigía un grado de disculpas acorde con la dimensión del mismo, Marosa y su ayudante se presentaron en mi casa y reconocieron humildemente su precipitación. A partir de entonces, la jefa de Asuntos Misteriosos de la Policia de la Región, como soy de carne y hueso, inauguró sin mi consentimiento un período de amistad que rompe en mil pedazos la fama de mi trato escaso y esquivo. Mañana, a lo mejor, viene. Ya la irán ustedes conociendo.

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10 thoughts on “Marosa entra en mi vida

  1. “Estoy sentada en medio de la soledad del bosque. Los nogales con qué precisión acomodan sus frutos exquisitos dentro de las bolsitas de madera. Se oye el breve alarido de las martas que buscan amores. En la casa todos descansan y parece que no hay nadie. Sólo yo, como siempre, no puedo dormir; ando con la pequeña lámpara de librium; pero, igual no puedo dormir…” Marosa di Giorgio
    No sé si es el mismo fantasma 🙂 Deja que hable, por favor. Seguro que tiene grandes cosas por contar.
    Me gusta mucho. Y me gusta lo que anuncia.

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    1. Xibeliuss, me pillas siempre, me sorprendes siempre. Sí, de esa poeta uruguaya le viene el nombre a la jefa de AAMM, un homenaje que quería calladamente ofrecerle. Y tú, quién si no, estás ahí para descubrirlo. La verdad es que me alegra mucho. Un abrazo, Xibeliuss.

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  2. Como de costumbre, los límites de lo real y de lo imaginario se entrecruzan creando esa atmósfera que propicia cualquier acontecimiento o personaje, que de hecho los normaliza. Marosa, a la que estaré encantado de conocer más a fondo, es la prueba de ello. El narrador es otra. Un abrazo.

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