Diciembre, 2016. Notas a pie de feria.2

Un hombre tropieza y cae de bruces en la acera. Del bolsillo de su chaqueta sale rodando un puñado de monedas que, la gente, se apresura a recoger para entregárselas…antes incluso de ayudarle a que se levante.

Curioso. Carson McCullers se casa con un tal Reeves, también escritor, con el que establece el siguiente pacto: un año se dedica uno por entero al cuidado de la casa mientras el otro lo dedica a la escritura. Empieza ella, pero el relevo no llega a producirse: solo hay espacio para un talento, y Reeves no es el agraciado. Se suicida en 1953.

Tenía ilusiones, pero ha ído tantas veces a comprar el pan, que ya las ha perdido.

Dos muletas en la calle, tiradas, abandonadas, indefensas, parecían como muertas.

Me compra una libreta un hombre de una cincuentena años, suizo, afincado aquí. Trabajaba en un banco y lo dejó, abandonó un modo de vida que le resultaba vulgar. Se separó, también. Abandonó a su mujer y a sus hijos y comenzó a viajar. Al cabo de un tiempo, se instaló aquí, y vive en el campo, solo, cultivando sus tomates. No pocas veces, como personas escapamos de una vida vulgar, pero como personajes no dejamos de ser un caso típico.

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